En una noche de homenaje no anunciado al peor Neto, Botafogo cayó 6-1 ante Cienciano este jueves 13 en Cusco, por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana. Warleson asumió la misión de recordarles a los hinchas que el puesto sigue muy bien abastecido de sustos. En el idioma de la entrevista que se volvió meme: vaya. El resultado fue histórico. No en el sentido agradable que la palabra suele ganar en las redes sociales, sino en el sentido de que alguien tendrá que explicar durante años cómo Botafogo llegó al descanso perdiendo 4-0 frente a Cienciano.

Cuatro goles antes del descanso

Botafogo entró al campo dispuesto a controlar el ritmo en la altura. Lo controló tanto que casi se detuvo. El equipo jugó lento para ahorrar aire y permitió que Cienciano usara todo el oxígeno disponible para correr, atacar y marcar. Matías Succar abrió el marcador a los 17 minutos y anotó el tercero a los 29. Entre ambos goles, Danilo Bandiera marcó a los 19, y Marcos Martinich completó el trabajo a los 34. En 17 minutos, Botafogo convirtió una eliminatoria en una visita guiada por su propio desorden. No fue solo una cuestión de altura. La pelota circulaba sin presión, la defensa perdía referencias y el equipo llegaba tarde a casi todas las jugadas. Cienciano no necesitó descubrir una fórmula secreta. Le alcanzó con acelerar ante un rival que parecía ahorrar energía para la siguiente humillación.

El momento vaya de Warleson

Warleson no fue el único responsable de la goleada. Atribuirle seis goles a una sola persona sería hasta generoso con la defensa. Pero el arquero fue parte del desorden, cometió errores y jamás transmitió seguridad en una noche en la que cada llegada peruana parecía lista para terminar en la red. La temporada ya le había regalado al hincha una colección de errores de Neto. Cuando apareció la oportunidad de cambiar de personaje, el guion siguió igual. Salió el homenajeado y entró el encargado del homenaje. Vaya. El problema es mayor que el arquero. Franclim Carvalho armó un equipo incapaz de competir desde el inicio, y los jugadores respondieron con lentitud, distancia entre líneas y una pasividad incompatible con una eliminatoria continental. Botafogo, dueño de la mejor campaña de la fase de grupos, jugó como si pudiera resolver todo cuando le diera la gana. Cienciano, que ya había goleado 4-0 a Lanús en Cusco, agradeció que ignoraran la advertencia.

Un gol para mantener la crueldad

Matheus Martins descontó a los tres minutos del segundo tiempo. Por unos instantes, el gol permitió imaginar que el equipo volvería al partido. Cienciano se encargó de terminar esa sesión de autoayuda. Danilo Bandiera marcó otra vez a los 16 minutos y Matías Succar completó su hat-trick a los 32. El 6-1 no fue un accidente aislado dentro del partido. Fue la consecuencia de un equipo que empezó mal, siguió mal y todavía encontró tiempo para empeorar.

Ahora toca descansar

La vuelta será el próximo jueves 20, a las 21:30, en el Nilton Santos. Botafogo necesita ganar por cinco goles para llevar la definición a los penales. Por seis, avanza directamente. Es el tipo de cuenta que conserva la posibilidad en el papel y expone el tamaño de la vergüenza en la realidad. Tal vez el plan sí era ahorrar aire en Cusco. Si la eliminación se confirma en Río, funcionará todavía mejor: fuera de la Copa Sudamericana, el plantel tendrá varias fechas para descansar. Pocos equipos administran la energía con una visión de largo plazo tan amplia. Botafogo todavía tiene 90 minutos para intentar algo que hoy parece absurdo. El mínimo, sin embargo, no es prometer un milagro. Es jugar a velocidad normal, defender como un equipo profesional y evitar que la noche histórica de Cusco tenga continuación en el Nilton Santos.