Santi Rodríguez quiere jugar más. Es natural. Sin embargo, existe un detalle incómodo: por lo que viene ofreciendo el uruguayo, el pedido suena un poco egoísta. Quizás pensar en el bien colectivo signifique aceptar la función que más ha ayudado a
Botafogo últimamente: jugar menos.
Querer no es poder, como decía mamá. En el fútbol, a veces poder entrar tampoco significa que sea una buena idea.
Ni siquiera entró en la convocatoria
El mediocampista quedó fuera de la lista para el clásico contra
Fluminense por decisión técnica de
Franclim Carvalho. Según ge,
Santi Rodríguez entrenó con los titulares durante la preparación, pero fue excluido de la convocatoria final. La ausencia demuestra cuánto espacio ha perdido, pero no forma parte del análisis de rendimiento porque ni siquiera jugó.
El futbolista ya había mostrado su descontento por los pocos minutos recibidos. En julio, durante la victoria sobre
Cruzeiro, inicialmente se resistió cuando el cuerpo técnico lo llamó y cuestionó por qué entraría cuando faltaban diez minutos. Finalmente ingresó a los 37 minutos del segundo tiempo.
Quizás haya sido su lectura de juego más inteligente en
Botafogo. Si el equipo ya no estaba haciendo nada en el tramo final, la entrada de
Santi Rodríguez solo serviría para mantener el plan: seguir sin hacer nada, ahora con su participación. Por primera vez, el uruguayo pareció comprender perfectamente su función.
Su entorno consideró una salida a préstamo, opción descartada por
Botafogo, que considera elevada la inversión de cerca de 85 millones de reales realizada en su fichaje. Es el viejo descubrimiento del fútbol moderno: la factura puede ser enorme, pero todavía no se ha ganado el derecho de entrar al campo.
El repertorio que explica el banquillo
Cuando recibe oportunidades,
Santi Rodríguez presenta un repertorio ofensivo que combina dificultades para controlar el balón, un pase bonito pero equivocado y un centro lanzado sin dirección conocida.
El uruguayo recibe el balón y, antes de pensar en la jugada, a veces necesita negociar con él para completar el control. Cuando gana esa primera batalla, le concede al aficionado un breve segundo de esperanza. Después, envía el balón al área como quien despacha un paquete sin comprobar la dirección.
No es una crítica basada en el clásico que se perdió. Es una lectura de lo que viene mostrando cuando recibe oportunidades.
Santi Rodríguez sabe tratar el balón. El problema es convencerlo de avanzar hacia la portería y producir algo que incomode al rival.